¿Cómo evitar el abuso sexual a personas con discapacidad?

¿Cómo evitar el abuso sexual a personas con discapacidad?

Cómo evitar el abuso sexual a menores y personas con discapacidad

 

Un caso real 

Sara tiene 9 años recién cumplidos. Nueve hermosas pri­maveras que se reflejan en su cara y en su cuerpo, en esa dulce ingenuidad que des­­­­­pren­de su mirada. No obstante, en los últimos días algo le pasa. Lleva una temporada distante. Como triste. Preocupada. Su profesor de apoyo en la integración dice que en clase está distraída y que esto es raro. No presta atención a sus ex­plicaciones. Sus amigos y amigas no aciertan a comprender por qué permanece sola en el recreo.

Desde hace un par de semanas ha perdido el apetito. Tiene dificul­ta­des para dormir y, a veces, se despierta so­bresaltada. Su padre y su madre no entienden muy bien lo que le ocu­rre. Parece que ya ni el juego le esti­mu­la. Tan sólo les sorprende que no quiera salir sola de casa y que, antes de cruzar la puerta, mire si la de los vecinos está bien cerra­da. También que, de continuo, se limpie y se lave sus pier­nas.

Autor: José Luis García, Dr. en Psicología especialista en Sexología

Serie: Educación Sexual para Gaptain

Un grave problema de ‘salud social’

El abuso sexual de menores puede ser considerado como un verdadero problema de salud en las sociedades actuales. En determinados artí­culos se ha hablado, incluso, de epidemia.

La divulgación de casos de abuso sexual en los que han estado implicados conocidos cantantes, sectores religiosos influyentes, políticos y diplomáticos, etc., ha tenido una gran repercusión social. Muy diferentes países, se han visto convulsionados por acontecimientos extraordinariamente graves.

La publicación de estas noticias, puede hacer pensar a algunas personas que este tipo de hechos está pro­gresivamente incrementándose. A decir verdad, hay días en los que tales cuestiones tienen un ca­rácter omnipresente en esos medios. La aparición de los llamados programas de “reality show” en la televisión ha podido contribuir a ello.

Lamentablemente todo lo relacionado con la agresividad en el sexo provoca un singular interés en las publicaciones de información general. 

¿Qué entendemos por abuso sexual?

Entendemos por abuso sexual, una conducta sexual en la que media fuerza o coacción, que se le impone a un/a menor por parte de una persona mayor. La imposición y la diferencia de edad han sido con frecuencia dos criterios relevantes a la hora de valorar un abuso sexual. Es una relación claramente asimétrica.

En el caso de las personas con discapacidad nos parece más justo hablar de agresión sexual.

         Los/as menores con discapacidad intelectual, requieren un análisis específico, en la medida en que están, en general, más indefensos que las personas sin discapacidad.

En esas circunstancias el uso de la sexualidad de estas personas, considerada como un mero objeto, es un abuso de la autoridad que posee el adulto, del que depende ese/a menor que, con toda seguridad, no tiene ni los conocimientos sexuales mínimos, ni la capacidad cognitiva para decidir libremente y consentir en esa práctica.

Situación distinta, en este sector de población, es cuando el abusador es de similar edad, o incluso menor, o cuando se trata de dos personas con la misma edad y que tienen desigual nivel de desarrollo. Estos hechos no tienen fácil respuesta ni siquiera legal.

Con todo, pensamos que el consentimiento es un aspecto fundamental, si bien habrá que tener presente el conjunto de carencias formativas y cognitivas que dificultan que la persona comprenda el sentido, el significado y las consecuencias de las conductas sexuales. Difícilmente podemos hablar de consentimiento, por ejemplo, cuando no hay conciencia de las consecuencias de una conducta, como sucede con la chica incapaz de asociar un embarazo a la actividad sexual genital.

¿Puedo negarme a hacer algo que no me gusta?

La idea de consentimiento se hace más compleja cuando incluimos la noción de dependencia (física y legal) de estas personas respecto de quienes les atienden:

¿Son capaces de darse cuenta de que pueden negarse a hacer tal o cual cosa? ¿Hasta qué punto no aprenden todos los días que ser complaciente con las personas adultas es mucho más interesante?

Muy a menudo estas personas han aprendido hasta la saciedad que lo adecuado es ser complaciente y que probablemente no hay otras muchas alternativas. Entendemos por consentimiento:

  1. Información sexual básica
  2. Conocer los riesgos/ventajas de la conducta
  3. Capaz de decidir libremente
  4. Participar responsablemente
  5. Capaz de auto protección
  6. Capacidad (verbal o gestual) para consentir
  7. Que su discapacidad no se lo impida

La noción del consentimiento

En nuestro anterior artículo hablábamos de lo que entendíamos por abusos sexuales y la noción del consentimiento. Ahora quisiéramos señalar su incidencia y presentar una propuesta concreta.

Resulta sumamente difícil establecer la prevalencia del abuso sexual en personas con discapacidad intelectual. Muchos padres y madres, incluso por la ley de protección de datos, no quieren que sus hijos/as participen en investigaciones encaminadas a conocer el verdadero alcance real del problema. Tampoco ellos/as, con frecuencia, suelen colaborar.

Un informe de las Naciones Unidas en 2010 señalaba que:

  1. Un 90% de las personas con discapacidad intelectual sufren abusos sexuales alguna vez en su vida.
  2. Las menores víctimas de violencia 1,7 veces más que los demás.
  3. El 80% de las mujeres son víctimas de violencia y su riesgo de sufrir abusos sexuales es cuatro veces mayor que el de la población general

Otro estudio de Terri Couvenhoven en 2013, señalaba que el 83% de las mujeres y el 32% de los varones son víctimas de abuso y que estas personas tienen mayor probabilidad de ser abusadas repetidas veces. Por otra parte, sólo se informa del 3% de los abusos ocurridos.

Uno de los elementos más relevantes en cualquier actividad sexual es la libertad de elección y el mutuo consentimiento.

En los abusos sexuales nos encontramos con un grave atentado contra la libertad sexual de una persona por medio de engaños, presiones o fuerza física. Cuando la víctima tiene algún tipo de discapacidad el hecho adquiere una mayor gravedad.

Consideramos que:

1)  Si bien estas personas corren un alto riesgo de ser víctimas de abusos, muy pocos casos son denunciados.

2) A pesar de que los abusos producen daños físicos, emocionales y sociales relevantes, muchos quedan sin tratamiento.

3) Muchas madres y padres están preocupadas/os ante la vulnerabilidad de sus hijas e hijos con discapacidad. Probablemente sea uno de los temores más generalizados y de mayor relevancia.

Una propuesta de prevención ¡No, no quiero que me toques!

Nuestra aportación, expresada en el programa que hemos diseñado “¡NO ¡No quiero que me toques!” considera que hay que hablar claro de los abusos, las veces que sea preciso.

 El silencio y la ignorancia no solucionan nada.  Niñas y niños deben saber cuáles son las formas aceptables y no aceptables de caricias o toques corporales.

Es necesario asegurarse de que entienden bien la diferencia, de que son capaces de decir no a las formas inaceptables y alejarse de quien se las propone, y saber que no deben irse con personas desconocidas y tener la habilidad para afrontar esas situaciones.

Los abusos sexuales en personas con discapacidad pueden prevenirse. Al igual que el resto de personas necesitan conocer y saber distinguir entre su espacio íntimo y privado y el espacio público, así como discriminar las diferentes caricias y toques corporales. Tienen que aprender que hay partes de su cuerpo que nadie debe tocar sin su consentimiento.

A nuestro juicio, deben saber discriminar entre los muy diferentes “trucos” y estrategias que determinadas personas utilizan con la finalidad de tener contactos sexuales.

Deben saber también que, si alguna vez ocurre, habrá tal confianza que se contará, se verbalizará. Hace falta que sepan lo que tiene que hacer en esos casos. Que pida ayuda. Las madres y padres, que los preparan en otras muchas áreas de la vida, tienen que hacerlo también en cuestiones sexuales. Deben conocer su cuerpo de una manera positiva, valorarlo como un preciado tesoro. Aprender que su cuerpo es suyo. Sólo suyo. Y saber decir no cuando el momento lo requiera.

En lo que concierne a los abusos sexuales en personas con discapacidad, tendrían que conocer -adaptado a las características particulares de cada cual- cuestiones tales como:

  1. ¿Qué son los abusos sexuales?
  2. ¿Quiénes lo sufren?
  3. Necesidad e importancia de conocer este tema
  4. ¿Qué tipo de personas son las que los cometen?
  5. Circunstancias que suelen rodear estas experiencias
  6. Efectos de los abusos.
  7. Estrategias de prevención.
  8. Pautas de conducta a seguir posteriores al abuso sexual.

Nuestra propuesta es integrar este capitulo de los abusos, dentro de un programa más amplio de educación sexual y afectiva consensuado entre el ho­gar y en los centros donde estén atendidos y/o integrados.

Entre otros aspectos, incluye el que sepan discriminar las diversas cari­cias y juegos sexuales y la intención con que se hacen.  A partir de juegos, ejercicios y modelos audiovi­suales (ya que tienen menos probabilidades de observar, de interactuar en relaciones adaptadas) en los que pueden ver esas prácticas. Estos aprendizajes deben incluir es­trategias de conducta en las distintas interacciones (por ejemplo, en las primeras citas), pautas de distinción entre el lenguaje verbal y el no verbal, expresiones adecuadas…etc.

Puede ser conveniente sugerirles (a través de cuentos, por ejemplo) pautas de afrontamiento: enseñarles a decir NO, a pedir ayuda o a contar las experiencias “extrañas” que pue­dan tener, dentro de un programa de habilidades sociales

Todo ello tiene que estar condicionado por el chico o chica que tengamos delante. Cada uno es diferente. De todas maneras, el hecho de que dispongan de un pensamiento muy concreto va a obligarnos a repetir conceptos elementales muchas veces, tanto en el momento de la comunicación como posteriormente.

Los abusos son hechos muy graves e inaceptables

Nuestra consideración es clara: Se trata de conductas muy graves e inaceptables. En este tipo de conductas no se respeta el principio fundamental de la libertad indivi­dual y del mutuo consentimiento, y se imponen prácticas se­xuales a otras personas.

Por tanto, tomar conciencia de la importancia de ta­les hechos, prevenirlos con una adecuada educación sexual y adoptar una actitud correcta cuando tengan lugar, pueden ser elementos de gran relevancia.

Nuestra experiencia educativa de 40 años, nos lleva a considerar que la formación de padres, madres y profesionales es una prioridad en el momento presente.

 

Jose Luis Garcia es autor de libro “ Sexo, poder, religión y política” (editado por Amazon).

 

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