Cómo responder una pregunta sobre sexo

Cómo responder una pregunta sobre sexo

¿Qué hacer ante una pregunta sexual?

En varias generaciones de familias, todo lo relacionado con el sexo (es decir aquello que incluía “esas cosas” o hablar de “eso”) nunca ha sido un tema normalizado en las conversaciones entre progenitores y vástagos. No existía. Abundaban, en cambio, las vergüenzas y los miedos.

El silencio era el patrón educativo más habitual, cuando no alguna sugerencia respecto del pecado, de los peligros y del consabido “ten cuidado” para las chicas, que todo el mundo sabía a qué se refería: A no venir a casa embarazada.

(Sobre la importancia de este asunto publicamos dos libros: en 1998 “Cómo evitar el embarazo no deseado y el contagio de SIDA en nuestros jóvenes “y en 2005 “Mamá: ¡Estoy embarazada!”).

Más de una mujer nos ha referido que la única información recibida por parte de su madre era esa del ‘ten cuidado’. Alguna abuela, algo más permisiva, aconsejaba con vehemencia, que “del ombligo para arriba puedes dejar que te toque tu novio, pero nunca del ombligo para abajo. Que luego las manos van al pan”.

AutorJosé Luis García, – Dr. en Psicología, especialista en Sexología

SerieEducación Sexual para Gaptain   Artículo: Cómo responder una pregunta sobre sexo

El silencio en la sexualidad tiene impacto

Hemos repetido en numerosas ocasiones que el silencio es altamente educativo. Que es una forma de educación sexual y que, por ejemplo, no contestar una pregunta sobre sexo que nos hagan tiene, inevitablemente, sus consecuencias.

No hacer educación sexual, es una manera muy eficiente de hacer un tipo de educación sexual: la que enseña que de sexo no hay que hablar, porque no es bueno y trae problemas: el embarazo y las infecciones.

O que las mujeres no tienen las mismas necesidades sexuales que los hombres. O que las relaciones heterosexuales son las normales. O que las mujeres son sumisas por naturaleza. O que …

Por tanto, este tipo de educación tiene efectos y consecuencias que, con demasiada frecuencia, hemos visto en las consultas de terapia sexual y de parejas. 

¿Cuando comenzar con la educación sexual?

Tampoco la educación sexual es una charla en la antesala de la pubertad. En muchas ocasiones ya es demasiado tarde y sus efectos son insignificantes, toda vez que fuerza una situación de la que los/as chicos/as no quieren saber nada y huyen porque, en esas condiciones, ni lo desean ni lo creen necesario. “Un mal rato para mí y para mis padres” es la frase típica que nos comentan los jóvenes en nuestras conferencias y, en personas adultas, hay un recuerdo de algo similar cuando hablan de ese momento.

La educación sexual, lo hemos dicho muchas veces, comienza en el momento del nacimiento, incluso antes, con una adecuada planificación familiar.

De todas maneras, si desde pequeños/as no se ha hablado de estos temas, es muy probable que ese sea el patrón que ocurra en la adolescencia, por lo que no habría que esperar a que nos pregunten, o que no nos comuniquen cuestiones relacionadas no solo con el sexo sino también con los sentimientos y las relaciones afectivas.

¿Qué hay que tener en cuenta?

Estar atentos a su desarrollo, acompañándolos, dando respuesta a las primeras preguntas y dudas. Si se contestan las primeras, luego vendrán otras, que igualmente habrán de responderse adaptándolas a las circunstancias de cada cual. Con la máxima naturalidad. Como cuando hablamos de cualquier otro tema.

  1. Alegrémonos de que nos pregunten: indican un adecuado desarrollo psicológico y que confían en nosotros.
  2. Es una cuestión de la pareja de adultos. De los dos (o de una sola en familias monoparentales), después de haber consensuado los mensajes y la información que vamos a transmitir. Si bien ha sido frecuente aquello de: “Habla tú con ella que eres su madre” … o “No hazlo tú que a mí me da corte”, es decir pasarse la pelota uno a la otra o viceversa, ya no hay excusas para no hacerlo.
  3. Todos los días hay situaciones que tienen que ver con el sexo, el afecto o las relaciones en las que se puede intervenir, dando nuestra opinión, expresando nuestros valores o transmitiendo información veraz. Si hay alguna duda se reconoce y nos comprometemos a buscar una respuesta más científica.
  4. Toda pregunta lleva una exigencia de respuesta. Hay que contestarlas todas. En ocasiones, la actitud de responder, de valorar su pregunta y de dialogo sobre estos temas, pueden ser más importante que la cantidad de información que le podamos transmitir.
  5. La educación sexual puede ayudar a evitar riesgos, cierto, pero no es lo único ni lo más importante que debe perseguir. Debemos tener un enfoque positivo, y promover una mejor salud sexual y una mejora en las relaciones sexuales y de pareja, como hemos señalado en un artículo anterior (https://gaptain.com/blog/la-primera-vez/
  6. La sexualidad, para la mayoría de las personas, es una fuente de bienestar y de salud.
  7. El padre, la madre y su relación cotidiana entre ellos y entre sus vástagos, constituye un modelo educativo de primer orden.

O los padres-madres hacen su trabajo o dejamos que lo haga el porno. Ese es el dilema que tenemos que valorar.

Cómo responder correctamente una pregunta sobre sexo

Algunas claves para que nuestra respuesta sea efectiva son:

  1. Responder a las preguntas que espontáneamente nos formulen o que nosotros podamos promover, aprovechando determinadas circunstancias y en entonos adecuados (por ejemplo, cuando vamos de paseo o cuando tomamos algo en una cafetería). Niños y niñas preguntan si se les permiten preguntar y si ellos/as saben que se van a contestar de manera adecuada. En cualquier caso, nosotros/as también podemos adelantarnos y provocar que nos pregunten. Nunca mentir y transmitir conocimientos científicos. Tener en cuenta además que:
    1. Debemos manifestarles nuestra alegría porque nos pregunten.
    2. Todas las preguntas son adecuadas. Escucharlos/as.
  2. Contestarlas en el mismo momento en que se formulan. En caso contrario posponer la respuesta advirtiéndolo. Transmitirles confianza para que nos pregunten en el futuro.
    1. Ofrecer una respuesta sencilla, concreta, adaptada a él/ella.
    2. Contrastar la información con lo que ellos/as ya tienen. Aclarar posibles creencias erróneas.
    3. Hacerlo con total naturalidad, persiguiendo normalizar el diálogo.
    4. Asegurarse de que han entendido nuestra contestación.
    5. Puede que de alguna pregunta no sepamos su respuesta. No se sabe de todo, bueno, se reconoce y se aplaza para más adelante, una vez que nos hayamos documentado.
    6. No ocultar información. No engañar. Ofrecer conocimientos científicos.
    7. En ningún caso utilizar explicaciones animales para hablar de la conducta sexual humana
    8. Usar un lenguaje cómodo, evitando tópicos y sexismos.
    9. Hablar no solo de los riesgos sexuales y reproductivos sino también del placer, de la salud, de la igualdad y del bienestar.
    10. Dejar la puerta abierta para otras preguntas. Reforzar nuevamente el hecho de que nos haya preguntado.
    11. Transmitir una visión positiva de la sexualidad y de las relaciones sexuales. Manifestar explícitamente nuestro rechazo al maltrato, a las agresiones sexuales o a la prostitución.
    12. Establecer algún tipo de dialogo/debate, más o menos estructurado, ante temas concretos, noticias de prensa, de televisión, análisis de películas…etc.

La influencia de los modelos educativos del padre y de la madre:

  1. En la familia, a nuestro modo de ver, la educación sexual más importante es la que se hace a través de los modelos educativos que ofrece todos los días la pareja por medio de su relación entre ellos y entre sus hijos/as. Los vástagos imitan lo que ven y perciben en su entorno, y sus padres/madres son unos referentes trascendentes, únicos e irrepetibles
  2. El nivel de comunicación que observen en la pareja, la manera con que resuelven sus problemas y conflictos, las manifestaciones de afecto entre ellos/as, las actitudes y los roles sexuales que desarrollan, los valores que defienden (respeto, empatía, solidaridad, igualdad…), la co-responsabilidad de las tareas domésticas y cuidados de los vástagos…etc., son maneras extraordinariamente efectivas de influir y modelar las actitudes y conductas de sus hijos/as.
  3. La propia vivencia afectiva y sexual de la pareja es muy probable que también influya en la educación sexual basada en los modelos educativos.

 

José Luis García es Dr. en Psicología y Especialista en Sexología. Autor del libro” Sexo, poder, religión y política”.

¡Mantente informado!

Escribe tu email para recibir alertas de nuevos retos virales peligrosos para niños.

Te has suscrito correctamente, ¡muchas gracias y bienvenido a Gaptain!

Share This