La adicción al teléfono movil tiene solución: un contrato muy vinculante

Si nos diesen a escoger ahora mismo entre perder la cartera o el teléfono móvil, muchos de nosotros, con total seguridad, optaríamos por la pérdida de lo primero. Porque aunque aún nos neguemos a reconocerlo del todo, la tecnología se ha convertido en un elemento tan integrado y cotidiano en nuestra vida, que nos parece imposible vivir en un mundo en el que no exista. Y si esto es así para nosotros, no digamos ya para los nativos digitales.

Porque esta nueva forma de desarrollarnos, muy ligada a nuestra manera de comunicarnos, ha hecho que muchas cosas cambien en nuestro día a día. Y no sólo en nuestras vidas: en la de nuestros hijos y por consiguiente en la de las nuevas generaciones también. Los nativos digitales son desde pequeños, capaces de manejar toda esa “maquinaria” mejor que muchos de nosotros. Ante esta situación -y en general ante todo cambio- es normal que surjan  preocupación, miedo, sensación de peligro o incluso rechazo. Y no ya por nosotros, que al fin y al cabo somos adultos, sino porque estamos facilitando a nuestros hijos desde muy temprano la puerta de acceso a contactos digitales a través de internet y las redes sociales.

Pero sin embargo, y aunque sea normal esta inquietud, existe solución, ya que ante cualquier  cambio, siempre se podrán adquirir nuevas conductas y hábitos para aprender a manejarlos.

Mamá, papá: quiero un teléfono móvil

Cuantas veces habremos oído el clásico, “mamá, es que todos los niños en mi clase ya tienen teléfono y yo no” o “este año los reyes me dejaron una tablet”.

Sin duda muchos padres hemos vivido esto sin saber muy bien cómo actuar, siempre preocupados porque el uso excesivo del móvil pueda terminar en adicción.  Ante este tipo de situaciones, tan cotidianas en el entorno familiar, es importante saber que lo esencial para abordarlas  es estar bien informados y preparados para hablar/dialogar con nuestros hijos: Hacer de guía para introducirlos en este complejo mundo, con una serie de límites que vayan variando con el tiempo y acordes a su edad.

No obstante, es muy importante no confundir la palabra ‘limitar’ con la palabra ‘prohibir’.  Es vital conocer esta diferencia porque, si ante el miedo, nuestra primera reacción es la de prohibir, utilizando clásicas frases como “no, porque lo digo yo” podríamos conseguir que nuestro hijo obtuviera por su cuenta las herramientas para acceder a internet, pero sin supervisión.

En resumen: enseñar a nuestros hijos a utilizar estos aparatos de forma responsable y acorde a su edad,  estableciendo un equilibrio y un consenso entre ambas partes que no implique prohibir todo pero que tampoco de libertad total. Y todo ello respetando también el espacio personal y privado de los menores, porque aunque seamos sus padres, tenemos que aprender que ellos, al igual que tienen una habitación propia, tienen su pequeño espacio virtual.

Un primer contrato sin abogados, pero muy vinculante

Como bien dice el dicho “es mejor prevenir que curar”. Para evitar desagradables sorpresas en este asunto, debemos ser conscientes de la realidad, y saber que nuestros hijos, queramos o no, y en mayor o menor medida están expuestos a las nuevas tecnologías y al recurso digital más conocido, que es internet. Ante esto, debemos estar preparados para protegerlos, al igual que lo hacemos al ponerles el cinturón de seguridad o los llevamos al médico cuando están enfermos. 

En este caso, te planteamos una manera muy interesante y diferente de hacer real y tangible esa protección. Estamos hablando de los contratos entre padres e hijos nativos digitales. Un acuerdo o contrato por escrito en el que ambas partes se reúnan y hablen de lo que se puede y no se puede hacer, con normas del buen uso de aparato o aparatos y que finalice con la firma de dicho acuerdo. Está claro que si alguien incumple algún término del acuerdo, nadie irá a la cárcel, pero habrá algún que otro castigo…

Además en este acuerdo no solo el menor deberá cumplir lo que ahí aparezca sino que los padres también tendrán responsabilidad, aprendiendo a respetar el espacio personal de sus hijos.  Todo ello con la finalidad de conseguir un uso privado, respetuoso, y sobre todo seguro de móviles, tabletas, ordenadores y dispositivos conectados a internet.

Tipos de primer contrato móvil

En este caso, y porque más vale una imagen que mil palabras, te proponemos algunos ejemplos de este tipo de contratos para que elijas el que más se adapte a las necesidades de la familia.

  1. El primero de ellos es el contrato redactado por la Policía, proponiendo un contrato entre padres y nativos digitales para el uso de Internet, con propuestas como la compra conjunta del aparato, la instalación de aplicaciones de manera controlada, horarios de uso o el acceso a las redes sociales por menores de 13 o 14 años a través de una cuenta compartida con los padres.
  2. Otro tipo de contrato, más visual y atractivo para los más pequeños, es el proporcionado por la web hijos digitales para el correcto uso del teléfono móvil.
  3. Por último, te mostramos el primer contrato de este tipo creado por Janell Burnely Hofmann, madre de familia que hizo viral en internet el contrato con uno de sus hijos.

Esperamos que hayas encontrado en este texto algunas pautas y recomendaciones de utilidad, que permitan ayudar, aunque sea solo un poco, a conciliar el eterno debate que es internet y sus usos en el hogar.

¿Tienes [email protected] menores de edad?

Descarga el eBook Guía 2018 de Seguridad Digital Familiar con la selección de consejos esenciales para proteger a tus hijos en internet y redes sociales.