Las habilidades digitales: algo más que usar el móvil

habilidades digitales

Cada semana en el espacio AbIAn, en el que colaboramos con la cadena SER, hablamos de inteligencia artificial, tecnología, ciudadanía digital y familia. Pero esta semana queríamos volver a lo esencial: ¿tenemos realmente las habilidades digitales que necesitamos para hacer un uso seguro y saludable o simplemente usamos tecnología?

Porque muchas veces creemos que por saber buscar en Google, enviar un WhatsApp o subir una foto a Instagram ya “controlamos el mundo digital”.
Sin embargo, tener habilidades digitales no significa sólo saber usar una herramienta, sino comprender cómo, cuándo y para qué la usamos. Y, sobre todo, ser capaces de hacerlo de forma segura, saludable y responsable, especialmente en un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) ya forma parte de nuestra vida cotidiana, aunque no siempre seamos conscientes de ello.

¿Qué significa tener habilidades digitales hoy?

Cuando hablamos de “habilidades digitales”, no nos referimos solo a saber encender un ordenador o manejar una app.
El concepto va mucho más allá: tiene que ver con la capacidad de desenvolverse en un entorno digital cambiante, aprovechar sus oportunidades y protegerse de sus riesgos.

Para explicarlo con un ejemplo cotidiano:

  • Saber usar un móvil es una habilidad técnica.
  • Saber configurar su privacidad, detectar una estafa o entender qué datos estamos compartiendo es una competencia o habilidad digital.

Y ahí radica la gran diferencia.

Tener habilidades digitales significa poder buscar información fiable, comunicarse de manera adecuada en redes, crear contenido propio con sentido crítico, proteger la privacidad y la de nuestra familia, y resolver problemas cuando algo falla o no se comporta como esperamos.

En definitiva, es pasar de dejarse llevar por la tecnología que usamos a entenderla y dominarla.

Por qué las competencias digitales son la base de la prevención

Cuando tenemos la oportunidad de trabajar con familias en charlas y talleres siempre insistimos en una cosa:  el desarrollo de la competencia digital es la mejor herramienta de prevención frente a los riesgos de internet, redes sociales y de la inteligencia artificial.

¿Por qué? … Porque muchas de las situaciones de riesgo —como el ciberacoso, el uso excesivo o problemático, las estafas online o la desinformación— no se deben sólo al uso de una red social o una app, sino a la falta de habilidades para gestionarlas.

Un ejemplo sencillo: un o una menor que sabe identificar una fuente fiable, cuestionar una noticia o verificar una imagen antes de compartirla, está mucho más protegido frente a la desinformación o los deepfakes generados con IA.

Y esto aplica también a los adultos: una persona mayor que comprende los mensajes de “phishing” y no hace clic sin comprobar la fuente, evita caer en una estafa.
Una madre o un padre que conoce cómo funcionan las recomendaciones automáticas o los algoritmos de redes sociales puede acompañar mejor a sus hijos e hijas en el ámbito digital.

Por eso, hablar de competencias digitales no es hablar solo de educación tecnológica, sino de educación para la vida digital.

El marco competencial que nos guía: el DigComp

Europa lleva más de una década trabajando para que todos los ciudadanos —niños, jóvenes, adultos y mayores— desarrollen y cuenten con competencias digitales que requiere la inminente sociedad digital.
El marco que se utiliza para medirlas y promoverlas se llama DigComp (Digital Competence Framework for Citizens), y es, a día de hoy, el referente europeo.

El DigComp agrupa 21 competencias en 5 grandes áreas que especifican lo que una persona debería saber y ser capaz de hacer en el mundo digital:

  1. Información y alfabetización digital: saber buscar, filtrar, evaluar y gestionar información.
    Ejemplo: encontrar información fiable sobre un tema de salud y comprobar si la fuente es oficial.
  2. Comunicación y colaboración: interactuar, compartir y participar de forma responsable en entornos digitales.
    Ejemplo: respetar la privacidad de otros al compartir fotos en redes o usar lenguaje adecuado en grupos online.
  3. Creación de contenidos digitales: producir y editar textos, imágenes o vídeos, respetando derechos de autor y licencias.
    Ejemplo: enseñar a nuestros hijos a no copiar y pegar contenido sin citarlo.
  4. Seguridad: proteger dispositivos, datos personales, identidad digital y bienestar físico y emocional.
    Ejemplo: activar la verificación en dos pasos o reconocer una app que pide permisos excesivos.
  5. Resolución de problemas: identificar necesidades tecnológicas, aprender de forma continua y adaptarse a nuevos entornos.
    Ejemplo: buscar soluciones si una aplicación no funciona o aprender a usar nuevas herramientas de IA.

Estas áreas competenciales y las competencias que engloba cada una de ellas no se desarrollan de un día para otro, ni se aprenden solo en el colegio. Se adquieren a lo largo de la vida, en casa, en el trabajo y en la sociedad.

Habilidades digitales DIGCOMP | Educación digital | Salud digital | Bienestar digital

Educación, empresa y ciudadanía: tres caras de la misma moneda

En el ámbito educativo, hablar de competencia digital ya no es nuevo.
El profesorado trabaja desde hace años con su propio marco, el DigCompEdu, que define qué debe saber un docente para usar la tecnología de manera eficaz, ética y pedagógica.

En el ámbito empresarial, las cosas avanzan aún más rápido.
Según datos recientes, el 53 % de las empresas vascas se situaban en 2024 en niveles de alta o muy alta madurez tecnológica. Eso significa que muchas organizaciones ya integran herramientas digitales y automatización en su día a día, lo que también exige que sus empleados tengan un nivel mínimo de competencia digital para adaptarse.

Pero donde todavía queda mucho camino es en el ámbito ciudadano y familiar.
Muchos adultos usan tecnología todos los días sin ser plenamente conscientes de cómo funciona o qué implicaciones tiene. Y en una sociedad donde los trámites, las compras, la educación o incluso la salud pasan por lo digital, no tener competencias digitales supone una nueva forma de exclusión.

Aquí es donde entra el papel clave de la alfabetización digital familiar: que padres, madres, abuelos y abuelas aprendan junto a los más jóvenes, compartan experiencias y comprendan cómo funciona el entorno digital donde viven sus hijos e hijas.

¿Cómo saber si tenemos un nivel adecuado de competencia digital?

No basta con decir “yo me manejo bien con el ordenador”, tenemos que poder demostrarlo pero, la buena noticia es que existen herramientas que nos pueden ayudar a evaluar nuestro nivel de competencia digital.

Algunas de las más utilizadas son:

  • Ikanos (Gobierno Vasco): basada en el DigComp, permite medir el nivel de competencia digital y ofrece recursos personalizados para mejorar.
  • Your Digital Skills (de Europass, Comisión Europea): un test breve y gratuito para conocer el nivel aproximado en las 5 áreas del DigComp.
  • Test de Competencias Digitales de Fundae: orientado a perfiles profesionales, para saber si las habilidades digitales se ajustan a las necesidades del mercado laboral.

Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que, la mayoría de estas herramientas son de autodiagnóstico: es decir, nos preguntan si creemos saber hacer algo, pero no siempre lo comprueban con ejercicios prácticos. Esto hace que muchas personas sobreestimen o subestimen su nivel real de competencia digital.

Aun así, son un excelente punto de partida para reflexionar: ¿qué áreas domino? ¿en cuáles necesito mejorar? ¿cómo puedo avanzar?.

Programas que ayudan a reducir la brecha digital

En el espacio de radio quisimos buscar programas o proyectos que ayuden de forma efectiva a reducir la brecha digital, es decir, que permitan adquirir competencias para que esa diferencia sea cada vez menor.

Hablamos del programa “Aukerak Suspertzen” (“Activando Oportunidades”) que se ha puesto en marcha en Euskadi los últimos años.
Este programa viene impulsado por el Gobierno Vasco y tiene como objetivo eliminar la brecha digital en familias, ofreciendo talleres y acompañamiento para adquirir competencias básicas y avanzar hacia un uso más consciente y seguro de la tecnología.

Iniciativas así son esenciales para garantizar que nadie se quede atrás en un mundo cada vez más conectado.

Actualmente este programa pone en práctica la iniciativa CODI (Competencias Digitales e Inclusión) financiada con fondos europeos Next Generation, que tiene como objetivo reducir la brecha digital y promover la inclusión tecnológica de familias y menores en situación de vulnerabilidad.

Desde Gaptain estamos especialmente orgullosos de esta iniciativa ya que fuimos los encargados del desarrollo del plan pedagógico y todos los contenidos educativos del programa, diseñando materiales prácticos y adaptados para acompañar a niños, niñas, adolescentes en la adquisición de competencias digitales clave.

Y la inteligencia artificial, ¿dónde entra?

Aunque el DigComp sigue siendo la referencia europea, su versión más reciente (2022) aún no incluye en profundidad las competencias relacionadas con la inteligencia artificial. Pero otras organizaciones internacionales ya han dado el paso.

La UNESCO, por ejemplo, ha desarrollado:

Estos documentos definen qué debemos saber sobre IA según nuestra edad o profesión.
No se trata de aprender a programar algoritmos, sino de entender cómo funciona la IA, cómo nos afecta y qué papel juega la ética.

Entre las competencias clave se incluyen:

  • Comprender cómo la IA toma decisiones y qué sesgos puede tener.
  • Usar herramientas de IA de forma crítica y responsable.
  • Proteger la privacidad y los datos personales en entornos con IA.
  • Promover la inclusión y la transparencia tecnológica.
  • Aplicar la IA en la educación para personalizar el aprendizaje sin perder el componente humano.

Como ves, hablamos de una alfabetización digital ampliada, en la que la inteligencia artificial forma parte del paisaje. Y, de nuevo, el punto de partida es el mismo: conocer, comprender y actuar con criterio.

Familias digitalmente competentes: el mejor modelo para los hijos e hijas

A menudo las familias nos preguntan: “¿Por dónde empiezo para conseguir que mi hijo o hija use bien la tecnología?”

Y nuestra respuesta es siempre la misma: “Empieza por ti.” Lo decimos a menudo, los niños y niñas aprenden lo que ven.

Si en casa los adultos usamos la tecnología de forma consciente —revisamos la configuración de privacidad, contrastamos la información, no compartimos todo sin pensar— estamos enseñando sin palabras lo que significa tener competencia digital.

Pero vamos al grano, ¿qué podemos hacer directamente?:

  • Hacer juntos el test de competencias digitales.
  • Hablar sobre cómo funcionan los algoritmos o los vídeos que recomienda YouTube.
  • Comentar cómo sabemos si una información es fiable.
  • Probar juntos una herramienta de IA y analizar sus límites.

Educar en competencia digital no es vigilar, es acompañar y aprender en familia. Y ese aprendizaje mutuo es lo que fortalece la prevención.

Competencia y bienestar digital

Ser digitalmente competente también implica cuidar nuestra salud mental y emocional.

Saber desconectar, gestionar el tiempo frente a pantallas, evitar la comparación constante en redes y reconocer cuándo la tecnología nos está saturando.

En este sentido, la competencia digital está directamente ligada al bienestar digital: no se trata solo de usar la tecnología, sino de comprenderla que no sea ella la que nos use a nosotros.

Cada vez más marcos —incluido DigComp— integran esta dimensión de autocuidado, recordando que proteger nuestros dispositivos también es protegernos a nosotros mismos.

Mirando al futuro: de usuarios a ciudadanos digitales críticos

Vivimos un momento en el que la tecnología y la inteligencia artificial avanzan más rápido que nuestra capacidad de adaptación. Pero el objetivo no es “correr detrás de la tecnología”, sino aprender a convivir con ella.

Desarrollar habilidades digitales no solo mejora nuestra productividad o empleabilidad, sino que fortalece nuestra autonomía como ciudadanos

Nos permite participar, opinar, crear y decidir en un mundo cada vez más digitalizado.

Por eso, más allá de modas o herramientas, la verdadera pregunta es: ¿estamos formando personas críticas, seguras y conscientes en el uso de la tecnología?

Conclusión: la competencia digital como vacuna frente a los riesgos

La alfabetización digital fue hace años lo que hoy es la competencia digital: una necesidad básica.

Y ahora, con la inteligencia artificial ganando terreno, esa necesidad se vuelve aún más urgente.

Desarrollar competencias digitales nos protege frente a la desinformación, las estafas, la exposición y los sesgos algorítmicos. Pero sobre todo, nos da poder.

El poder de decidir, de entender y de usar la tecnología para mejorar nuestra vida, no para complicarla o para beneficiar a los fabricantes.

Así que la próxima vez que alguien diga “yo controlo porque sé usar el móvil”, piensa en todo lo que hay detrás: comprensión, ética, seguridad, creatividad, espíritu crítico y adaptación.

Eso, y no otra cosa, es contar con las habilidades digitales necesarias para utilizar la tecnología en nuestro propio beneficio, evitando sus riesgos y cuidando nuestra salud digital.

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