El espectacular aumento de la desinformación en la era de la IA

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Si hay un tema que nos quita el sueño a todos los que trabajamos en la era de la IA, es el crecimiento exponencial de la desinformación. Ya no hablamos de simples mentiras ocasionales, sino de un auténtico diluvio de contenido que inunda nuestras pantallas y, lo que es más preocupante, las mentes de nuestros hijos e hijas.

Esta semana, en AbIAn, proyecto que desarrollamos en colaboración con Cadena SER Euskadi, abordamos la cara oscura de la sobreinformación: la desinformación como causa de la fatiga informativa y el desapego.

Este post es una guía para entender el porqué del aumento de la desinformación y, sobre todo, para dotarnos de las herramientas necesarias para navegar con garantías en este complejo caos digital en el que está convirtiendo internet y los medios digitales.

La desinformación: algo más que «noticias falsas» 

El primer paso para combatir al enemigo es llamarlo por su nombre. Durante años, hemos usado el término «Fake News» (noticias falsas), pero este concepto es demasiado simple y, a menudo, políticamente cargado. Creemos más acertado hablar de Desinformación y de Mala Información.

Desglose de un fenómeno complejo

Vamos a intentar definir los diferentes conceptos relacionados y establecer el objetivo que suelen perseguir, cuál es su intención.  

1) Desinformación (Desinformation)

Información falsa o manipulada creada y difundida con una intención maliciosa o engañosa (política, económica o ideológica).

Intención: Engañar y causar daño o rédito.

Ejemplo: Crear un deepfake de un político o de una persona conocida para desprestigiarla.

2) Mala Información (Misinformation)

Información falsa que se difunde, pero sin la intención de engañar. La persona que la comparte cree que es verdad.

Intención: Ninguna, o un error involuntario.

Ejemplo: Compartir de buena fe un bulo de WhatsApp sobre un remedio casero para la salud que es peligroso.

3) Malainformación (Malinformation)

Información verdadera pero que se utiliza para causar daño o manipular (ej. exponer datos personales sensibles)

Intención: Causar daño, generalmente personal.

Ejemplo: Compartir un email privado real con el fin de avergonzar o perjudicar a alguien

El enorme aumento de la desinformación: por qué ahora

La desinformación no es nueva (siempre ha existido la propaganda y la mentira), pero nunca antes había crecido a esta velocidad, ni había tenido esta capacidad de alcanzar a tanta gente.

La tecnología en este caso está actuando como acelerador en el aumento del fenómeno.

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El impacto de la Inteligencia Artificial en el crecimiento de la desinformación

La IA generativa ha cambiado las reglas del juego. Antes, crear una noticia falsa convincente requería tiempo y recursos. Hoy, cualquiera puede:

  • Generar texto: Un modelo de lenguaje puede escribir miles de artículos noticiosos falsos, convincentes y con un sesgo ideológico específico, en cuestión de minutos.
  • Crear Imágenes y vídeos falsos (Deepfakes): La capacidad de generar imágenes y vídeos hiperrealistas de personas haciendo o diciendo cosas que nunca hicieron ha alcanzado un nivel alarmante. El ojo humano ya tiene dificultades para distinguir lo real de lo falso.
  • Personalización del Engaño: Los algoritmos de las redes sociales nos conocen tan bien que la IA puede generar desinformación personalizada para apelar directamente a nuestros miedos, sesgos o resentimientos, haciéndola increíblemente pegadiza.

La arquitectura de las redes sociales y sus objetivos

Las plataformas sociales están diseñadas para la viralidad, lo que beneficia a la desinformación por sus características intrínsecas:

  • Contenido emocional: La desinformación apela a la rabia, la indignación o el miedo. Los estudios demuestran que el contenido que genera emociones fuertes (especialmente negativas) se comparte mucho más rápido que la información neutral.
  • Cámaras de Eco: Los algoritmos nos muestran lo que queremos ver, encerrándonos en las llamadas «burbujas de filtro» donde solo se confirman nuestras creencias previas. Si creemos en un bulo, la plataforma nos saturará con información que lo «prueba», dificultandonos el acceso a fuentes fiables.
  • Anonimato y bajo coste reputacional: Es fácil crear un perfil falso para difundir mentiras. El costo de mentir es bajo, pero el rédito (político o económico) puede ser enorme.

¿Qué hay detrás? El triple rédito de la desinformación

La desinformación rara vez es algo accidental o casual. Detrás de cada gran bulo suele haber un interés poderoso para que esa información se difunda y viralice.

Entender el porqué nos puede ayudar a identificarla y desenmascarar el cómo.

Rédito económico: el negocio del clic (clickbait)

Muchas fake news tienen como único objetivo generar tráfico web a través de titulares llamativos e incluso escandalosos (el famoso clickbait). Más clics significan más usuarios, más publicidad y por tanto, más dinero para el medio informativo.

No importa si la información es cierta, sesgada o incompleta, solo importa que la gente pinche y, a poder ser, comparta.

Rédito político e ideológico: sembrar la polarización

La desinformación es una herramienta fundamental en la guerra cultural. Su meta es dividir a la sociedad, socavar la credibilidad de los rivales, o movilizar a una base de votantes apelando a narrativas simplistas y emocionales.

Si la gente no confía en nadie, el caldo de cultivo para soluciones extremas o teorías conspirativas está servido.

Rédito geopolítico: la manipulación global

Grandes potencias utilizan la desinformación para desestabilizar a otros países, influir en elecciones o debilitar alianzas. Se trata de campañas coordinadas que buscan erosionar la estabilidad y la confianza social a medio y largo plazo.

El gran riesgo: el desapego Informativo

Si la desinformación gana la batalla, no es porque nos creamos todas las mentiras que escuchamos, sino porque llega un punto en el que ya no nos creemos nada.

La fatiga informativa (o desapego informativo) es el agotamiento mental que sentimos al intentar distinguir la verdad de la mentira en un entorno saturado. El resultado es devastador, especialmente en los y las menores:

El triunfo de la desinformación: «Como no sé si es verdad o mentira, y me cansa investigar, directamente asumo que ninguna noticia es fiable y desconecto. Si todos mienten, ¿para qué informarse?»

Este desapego tiene consecuencias directas:

  • Menor participación cívica: Los y las menores se sienten abrumados o cínicos ante el debate público y se abstienen de participar en procesos democráticos.
  • Aumento de la ansiedad y confusión: La constante exposición a información polarizada o alarmante afecta a la salud mental de niños, niñas y adolescentes, generando confusión y desconfianza hacia su entorno.
  • Vulnerabilidad a teorías conspirativas: Si no se cree en las fuentes tradicionales (ciencia, universidad, medios serios), se recurre a explicaciones alternativas, por muy inverosímiles que sean, que ofrecen respuestas sencillas a problemas complejos.

Aumento de la desinformación

El escudo familiar y educativo: Alfabetización mediática y pensamiento crítico

En lo relativo al nuevo ámbito digital, como familias y educadores nuestra misión ante el aumento de la desinformación es enseñar a los jóvenes a «navegar» en internet, no a «nadar» contra la corriente.

La mayoría de expertos coinciden en que la solución no es prohibir, sino educar, enseñar a discernir entre lo verdadero y lo falso.

Estrategias para educar en casa y el aula ante la desinformación

Enseña a «desacelerar» y cuestionar (el detector de alarmas)

El primer paso es romper con la impulsividad de compartir.

Anima a tu hijo o hija (y a ti mismo) a hacerse estas tres preguntas antes de creer y compartir:

  1. Emoción: ¿Me hace sentir muy indignado, asustado o eufórico? (La desinformación busca el clic emocional). ¡Alerta roja!
  2. Fuente: ¿Quién lo dice? ¿Es un medio que conozco y que tiene un equipo editorial detrás? ¿O es un perfil anónimo o una cadena de WhatsApp sin autor visible? (Fomenta la búsqueda de la fuente original y fiable).
  3. Coherencia: ¿Esto es demasiado bueno/malo/escandaloso para ser verdad? ¿Contrasta con lo que dicen otras fuentes o la ciencia? (Enseña a contrastar, buscando la misma información en al menos tres fuentes diferentes e independientes).

La práctica de la verificación (el modelo del Fact-Checker)

Convierte la detección de bulos en un juego familiar.

  • Búsqueda Inversa de Imágenes: Si una noticia viene con una foto impactante, podéis usar herramientas como Google Lens para verificar si la imagen es antigua o fue sacada de contexto.
  • El «minuto de la duda»: Dedica una cena o comida a analizar un bulo reciente que hayas visto. Pídele a tu hijo o hija que actúe como «verificador de datos» y te enseñe cómo lo desmentiría.
  • Analiza la estructura: Las fake news a menudo usan mayúsculas, signos de exclamación excesivos, faltas de ortografía o un diseño web poco profesional. Señala estas características de las fake news como indicadores de baja credibilidad.

Modelar el desapego activo

El desapego informativo no es rendirse, sino elegir conscientemente dónde focalizar la atención.

Te proponemos algunas acciones que puedes poner en práctica en tu casa y que pueden resultar de mucha utilidad: 

  • Dieta informativa: Ayuda a tus hijos e hijas a seleccionar una cuantas fuentes de información fiables (periódicos, programas de ciencia o tecnología reconocidos, verificadores de datos…) y limita el consumo de información a esas fuentes durante un tiempo. Menos cantidad, más calidad.
  • Reconocer el error y corrige: Si tu hijo, hija u otra persona comparte un bulo, enséñale la importancia de corregir públicamente ese error (ej. «Me equivoqué, este dato era falso, lo siento»). Esto modela la responsabilidad y la integridad digital.

Conclusión: el pensamiento crítico junto con la alfabetización mediática es la vacuna

La batalla contra el exponencial aumento de la desinformación no la ganaremos con tecnología, ni prohibiendo su uso, sino con educación y humanidad.

En la era de la IA, donde todo puede ser falso, la habilidad más valiosa que podemos transmitir a nuestros hijos e hijas es el pensamiento crítico.

Animemos a nuestros jóvenes a ser ciudadanos activos y escépticos, no cínicos. Que el caos informativo que vivimos no les lleve al desapego, sino a la búsqueda y defensa de la verdad.

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Acerca de Rosa
Directora de Educación digital y operaciones en Gaptain