Educación sexual y afectiva en la familia y en la enseñanza

Educación sexual y afectiva en la familia y en la enseñanza

¿Qué entendemos por educación sexual y afectiva?

Con este artículo, comenzamos una serie de ellos sobre la educación sexual y afectiva en la familia y en la enseñanza destinados, fundamentalmente, a contribuir a la formación de padres y madres y profesionales sobre esta cuestión de salud, tan importante en la vida y en las relaciones de la mayoría de las personas.

Si vamos a hablar en este apartado de educación sexual, convendría aclarar los conceptos antes de continuar. Hay muchísimos términos y denominaciones que se refieren a la educación sexual y, en esta ocasión, no nos vamos a extender en ello porque ya lo hemos abordado en otras publicaciones.  Nada menos que en 1984, en uno de nuestros primeros libros “Guía práctica de información sexual para el educador” ya abordábamos de manera exhaustiva esta cuestión: Hay un abanico extraordinariamente amplio tanto en lo que concierne a los vocablos como en los contenidos. Se puede hablar de educación sexual entendiendo cosas radicalmente distintas y hasta contrapuestas. Cada autor, cada grupo, cada institución tienen su denominación y su propuesta al respecto.

Cuando nosotros hablamos de educación sexual nos referimos a diferentes intervenciones pedagógicas y didácticas que, desde un enfoque científico y profesional, tratan de incidir, de manera positiva y respetuosa, en la sexualidad y la conducta sexual de todas las personas, con el objetivo de conseguir una vivencia libre, enriquecedora, saludable y placentera. Aunque esta definición es incompleta, puede ser un buen punto de partida.

Se trata, por tanto, de intervenciones programadas, sistemáticas, con unos objetivos específicos referidos a la salud sexual y una metodología concreta, que se desarrollan, básicamente, en grupos de familias, jóvenes y profesionales. Estamos hablando, por tanto, no solo de evitar riesgos de salud sino, y, sobre todo, de promover una vida sexual placentera y saludable, para las personas que así lo deseen.

Autor: José Luis García Doctor en Psicología. Especialista en Sexología.

Serie: Educación Sexual para Gaptain.  Artículo: Educación sexual y afectiva en la familia y en la enseñanza

La educación sexual en el ámbito de la familia

Otra cosa es el ámbito del hogar, donde las actuaciones son más de modelos educativos, es decir, del efecto que tienen las actitudes, valores y conductas del padre y de la madre y de la calidad de su relación, las 24 horas el día, con las/os hijas/os desde su nacimiento. Claro que hay muchas informaciones, conocimientos y diálogos, en todo ese tiempo, pero lo relevante aquí es la relación afectiva y el aprendizaje por imitación.

Hay muchas más intervenciones educativas, porque la influencia del entorno en la sexualidad es extraordinaria  -y, sin ninguna duda, internet es ahora la vía principal de información y aprendizaje para nuestras/os jóvenes- a través de los medios de comunicación, de las escuelas y centros de enseñanza, de instituciones sociales y un largo etcétera, pero nosotros hablaremos en este apartado,  fundamentalmente, de la primera modalidad que hemos definido y que está centrada, en términos generales, en la enseñanza.

En ocasiones hemos hablado de “Educación sexual y afectiva“, añadiéndole esa palabra final, más que nada por suavizar la idea del placer que algunas personas ven negativamente, casi siempre de manera exclusiva, en el concepto originario. Consideramos que el mundo de los afectos, las emociones y los sentimientos entran de lleno en la sexualidad, y por ello no hace falta resaltarlo. Se sobreentiende que va todo en el mismo paquete. Hace muchos años, incluso llegamos a cambiar por completo la denominación, para evitar la censura sexual y moral que había en torno a las actividades educativas de esa naturaleza. Así hablábamos de “educación infantil”, “educación de la afectividad”, etc.

Educación sexual y afectiva

Pero, en fin, ya estamos en otro momento histórico diferente, por lo que mantendremos esa denominación: educación sexual y afectiva, enmarcada en un modelo profesional y científico, que es el que desarrollamos en nuestros cursos de formación para familias y profesionales que llevamos impartiendo desde hace 40 años.

Como se ve, desde hace muchos años venimos señalando la necesidad de una adecuada educación sexual y afectiva para niños, niñas y jóvenes. A tenor de los pocos avances que observamos a nuestro alrededor, no hay duda de que se trata de una tarea ardua y difícil como pocas. Las iniciativas que se han llevado a cabo tienen un indiscutible mérito, pero, a nuestro entender, son escasas, y algunas de ellas no solo son incompletas, sino que adolecen de un planteamiento integral, global y profesional. Muchas tienen un fuerte componente ideológico (moral o político). Otras fundamentan su presencia en la evitación de riesgos. También conocemos algunas que tienen un claro peso biologicista.

En ocasiones, tales iniciativas se hacen tarde y se realizan de manera aislada, sin estar integradas en el currículum. También es cierto que algunos/as de los profesionales que las imparten no tienen siempre la capacitación más adecuada o, lo que es peor, postulan opiniones y creencias personales, defendiendo determinadas conductas sexuales y demonizando otras.

Educación sexual y afectiva

El contexto actual. Variables determinantes que condicionan el comportamiento sexual

Claro que, para algunos/as, más vale eso que nada, pero lo cierto es que estamos lejos de un modelo que podríamos considerar satisfactorio. Veamos un ejemplo: La situación de nuestros jóvenes es sumamente complicada, como ya hemos advertido en otras publicaciones.

  1. El aprendizaje de los hechos sexuales se hace, en gran medida, a través de Internet y de modelos de conducta sexual obtenidos a partir del porno;
  2. Conductas sexuales clandestinas y furtivas asociadas muchas veces al consumo de alcohol y drogas.
  3. Un uso desmesurado y grosero del sexo por parte de la sociedad de consumo, que ha hipersexualizado casi todo, como reclamo para vender cualquier cosa. Numerosos programas de televisión comercializan vergonzantemente con las emociones afectivas y la intimidad sexual. Diferentes medios de comunicación se sirven del sexo para obtener beneficios, por ejemplo, a través de los anuncios de prostitución.
  4. La falta de legitimación de la sexualidad y de la información sexual por parte de los progenitores.
  5. La ausencia de educación sexual adecuada en los centros escolares y, paradójicamente, la aparición de broncas y polémicas cuando se pretenden implementar programas educativos sobre sexualidad, como hemos demostrado en un libro nuestro de reciente publicación (**)

Estas cinco realidades acaban configurando un escenario que favorece la proliferación de diferentes riesgos en la salud sexual y reproductiva de las/os adolescentes. Hablaremos de todos ellos en próximos artículos, en particular de las agresiones y abusos sexuales.

En todo caso y frente a este escenario, reivindicamos que todos los niños y todas las niñas tienen derecho a una educación sexual científica y profesional.

Los padres, madres y el profesorado no solo no deben conculcar ese derecho, sino que deben promover y facilitar su desarrollo. Todos ellos tienen su cometido y su responsabilidad en la educación sexual, porque de lo que se trata es de sumar esfuerzos.

Más artículos de la serie:  Discapacidad y sexualidad. Los ángeles asexuados

(*) Sobre esta cuestión hemos publicado diferentes artículos y 2 libros. ¿Cómo evitar el embarazo no deseado y el contagio del SIDA?” (Editorial Medusex)  y “¡Mamá: estoy embarazada!” (Editorial Biblioteca Nueva)

(**) Sexo, poder, religión y política publicado en 2019 por Amazon

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