Condenan a un colegio a indemnizar a los padres de un alumno por bullying

A Luis (nombre supuesto) sus compañeros del Colegio San Vicente de Paúl, de Limpias (Cantabria), le hicieron la vida imposible. Durante dos cursos seguidos, cuando tenía 11 y 12 años sufrió amenazas y burlas de alumnos. Los padres, preocupados por esos comportamientos hostiles y provocadores, denunciaron los hechos al centro, que tomó cartas en el asunto, pero de manera insuficiente.

Una responsabilidad mal gestionada por el centro

El colegio expulsó a dos alumnos durante un día, pero no reconoció la situación de ‘bullying’. Por eso, ahora, la Audiencia Provincial de Cantabria le condena a indemnizar a los padres con 6.000 euros para resarcirles del daño moral causado al menor. La sentencia, dictada por Sección Segunda, es firme, ya que ninguna de las dos partes la ha recurrido. Los misioneros paúles ya han indemnizado a los denunciantes.  La Audiencia considera probado que a lo largo del curso 2014/15 el menor “padeció un continuo y deliberado maltrato” por parte de sus compañeros del colegio, que, aunque no afectó a su rendimiento escolar, “sí produjo inquietud y sufrimiento” en el niño, en el que desencadenó un trastorno psicológico que requirió tratamiento.

Los jueces responsabilizan de esta situación de “continuo y deliberado maltrato” al centro escolar porque, aunque trató de poner fin al acoso, las soluciones que adoptó fueron “parciales” e “insuficientes” y “no afrontó correctamente” el problema. Aún así, el tribunal atribuye parte de ese fracaso a los propios padres del niño por la “defectuosa colaboración prestada” y por “las intromisiones e impedimentos” que pusieron “para adoptar las medidas disciplinarias frente a los maltratadores, paliar los efectos negativos de su comportamiento y evitar la reproducción de situaciones similares”. La Sala alude también a las “tensas relaciones” de los progenitores con el profesorado y con algunos compañeros de su hijo y sus familias.

Amenazas y burlas

Al curso siguiente, entre septiembre de 2014 y mayo de 2015, los padres reiteraron al colegio su preocupación por “comportamientos provocadores y hostiles” de otros alumnos hacia su hijo, ante los cuales éste se mostraba asustado y se negaba a ir a clase. Se quejaron de las amenazas y burlas generalizadas que sufría, de un balonazo intencionado que le ocasionó una fractura de muñeca, de que arrojaran al suelo y pisotearan su cazadora, etc. La sentencia concluye que “efectivamente” algunos compañeros “menospreciaron” al chico, “riéndose y metiéndose con él en diversas ocasiones, no pasándole el balón en los recreos, diciéndole flojo, mariquita” y otros improperios. Así lo recogió el jefe de estudios en un informe y lo declararon la tutora y la orientadora del centro.

Según el tribunal, el colegio atendió todas esas quejas y constituyó una comisión de seguimiento en septiembre de 2014. Realizó intervención individual y grupal, expulsó a dos alumnos durante un día e informó al Servicio de Inspección de la Consejería de Educación. Pero, finalmente, aunque observó que se habían producido “situaciones puntuales” de falta de respeto entre compañeros, concluyó que no eran constitutivas de acoso.  Un portavoz del colegio, Antonio Medina, señaló a este periódico que el centro “aplicó en todo momento el protoloco que para casos de acoso escolar tiene la Consejería de Educación”.

FUENTE: El correo

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